¿Cuánto debe durar una visita guiada?

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Es una buena pregunta, que seguro que todo profesional que trabaje en cualquier ámbito relacionado con las visitas guiadas se ha hecho alguna vez. Gracias a mi obsesión (sí, porque es una obsesión 😉 ) por participar en cada visita guiada que se cruza en mi camino he podido realizar visitas de diferente duración, desde breves introducciones a una exposición (15 minutos) a interminables visitas guiadas sobre Goya en Zaragoza.

Antes de comenzar me gustaría puntualizar que me refiero a las visitas guiadas orientadas al público adulto, en las que se realiza un itinerario donde se visitan diferentes puntos de interés, no a aquellas dirigidas a escolares. Tampoco incluiría en  estas visitas guiadas las excursiones opcionales que se ofrecen en viajes organizados ya que casi siempre incluyen algo de tiempo libre. Pues eso, vaya el post para todas las demás.

Ya aviso de que no hay una duración estándar a la hora de diseñar una visita guiada, yo personalmente considero que ésta debería oscilar entre los 45 y 90 minutos. En mi opinión menos de 45 minutos es poco tiempo, parece que cuando el guía ha conseguido que el público “entre en calor” ya tiene que terminar…

Por otro lado, más de hora y media se hace pesado y el público desconecta totalmente de la visita pasado este tiempo, no hay mente humana que mantenga la atención continuada durante más de 90 minutos si no es un público especializado (bueno, alguna habrá…).

Si atendemos a las bases de la interpretación del patrimonio, éstas sugieren que una visita guiada debería durar aproximadamente una hora. 60 minutos me parecen perfectos para una visita, aunque creo que hay algunos condicionantes que pueden hacer variar la duración de la misma.

Por un lado hay que tener en cuenta el espacio que se va a visitar y el tiempo que tarda un grupo en desplazarse por el mismo (los famosos “tiempos” de los que ya os hablé en este post), no es lo mismo realizar una visita guiada de una hora a una iglesia de tamaño mediano que una visita del Louvre (así por poner un museo enorme), donde hay que desplazarse entre salas, pisos y demás visitantes.

Lo mismo ocurre con las ciudades, si hay que desplazarse grandes distancias habrá que tenerlo en cuenta. Yo opino que los recorridos, en general, cuanto más cortos mejor, que no haya que hacer grandes desplazamientos, para poder acortar la visita. Sin embargo, cada espacio es diferente.

Por otro lado también influye el número de personas que participen en la visita, no es lo mismo establecer un aforo de participación de 10 que de 35, a mayor número de personas mayor tiempo en desplazamientos.

También depende en gran medida del enfoque que le queramos dar a la visita: si es una visita en profundidad para público especializado, si se trata de un breve recorrido orientado al turista, si se va a simultanear en varios idiomas… Personalmente, cuando voy como turista a visitar otras ciudades prefiero visitas más cortas pero intensas, ya que quiero visitar otras cosas ese mismo día.

Parece que con este post estoy haciendo “apología del guía vago que trabaja poco tiempo”: nada más lejos de la realidad. Lo que quiero es no tener que “sufrir” las visitas, quiero que de verdad se conviertan en una experiencia positiva y sacarle todo el provecho del mundo a mi tiempo. Seguro que un guía de un museo no realiza una única visita al día.

Para ir acabando con este tema y como consejo, me gustaría remarcar que a la hora de diseñar una visita guiada y establecer su duración es más que recomendable “patearse” la visita, es muy fácil diseñar sobre papel y cuando comenzamos nuestra andadura como guías solemos caer en ese error (yo incluida), en no saber el tiempo real de la visita que se destina a desplazamientos. Hay que tener en cuenta los semáforos, posibles cortes de calles, cambios de lugar de las obras de arte, posibles imprevistos…

Y añadir, por último, que es de vital importancia ceñirse al tiempo estipulado ya que cuando indicamos la duración de una visita guiada los participantes planifican su tiempo y pueden tener cualquier otro compromiso después. Tan malo es quedarse corto y terminar la visita cuarenta minutos antes que pasarse media hora. EL guía debe ser siempre puntual, tanto en el comienzo como el final de la visita guiada.

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